miércoles, 13 de abril de 2011

Génesis de la nobleza o los porqués de todo esto




Antes de hablarles de los vampiros psíquicos y de sus nefandas artes (cosa que haré en alguna de mis próximas entradas blogueras, ténganlo por seguro), quisiera revelarles el porqué del nombre de este blog.

En el cuento “El compañero de viaje”, Andersen narra, entre otras muchas aventuras que discurren entre lo fantástico y lo terrorífico, cómo el joven Juan llega a la corte de un rey cuya hija concederá su mano a aquel que consiga adivinar tres acertijos por ella propuestos. Siguiendo la voluntad de la cruel princesa, sin embargo, todo aquel que fracase en el intento morirá. Este feroz destino no impide que sean muchos los hombres, jóvenes o viejos, que soliciten los favores de la princesa, mas, inevitablemente, todos terminan en el mismo lugar: en el jardín de la princesa, haciendo tintinear sus huesos colgados de las ramas de los árboles cual campanilla de cristal, o mordiendo la tierra de los tiestos con los pelados dientes de sus calaveras.

No les desvelaré los pormenores de este cuento maravilloso que les invito a leer (abajo encontrarán los links pertinentes). Sólo les diré que llegó a mí cuando contaba unos 8 o 9 años, y que me marcó para siempre (mucho más que el “Nevermind” de Nirvana, por ejemplo, disco-himno de mi generación). Lo narrado era decididamente horrible y macabro, y por ello indescriptiblemente conmovedor e impresionante. Hasta entonces yo desconocía que existiesen jardines en los que los esqueletos floreciesen en una primavera eterna; me era ignoto el ogro de la montaña con su séquito de criaturas subterráneas; todavía no sabía exactamente qué apariencia guardaba la muerte. No sé cuánto le debo, si mucho o poco, a “El compañero de viaje”. Por lo pronto, le he robado la idea al señor Andersen para mi modestísimo blog, aunque esto cuenta más bien poco, considerando que aquellos primeros compiladores-cuentistas se dedicaron a plagiar a sus propios contemporáneos recopilando cuentos tradicionales sin citar sus fuentes la mayoría de las veces. Las ideas, como la energía, ni se crean ni se destruyen. Se transforman. Y nos transforman.

Agradezco a mi señora madre que en su día me comprase el volumen “Cuentos de hadas para niños, volumen I” de Hanns Christian Andersen, en el que vivía agazapada mi princesa. Algún que otro año después también me compraría el segundo tomo, que se inauguraba con “La reina de las nieves” y aquel espejo maléfico capaz de distorsionar la realidad. De esto también tendríamos que hablar en otra ocasión, ¿qué les parece?

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/andersen/companye.htm

miércoles, 6 de abril de 2011

Microintermedio literario

Hace tres semanas envié este relato (o microrrelato, como se han rebautizado estos concetrados de palabras) a un concurso de la radio. Sorteaban un lote de libros y, puesto que nos daban la primera línea del texto (que a menudo es lo más difícil), pensé "Pois veña!"

Obviamente no me llevé el lote de libros.

Esta es la versión breve de 200 palabras. La extensa cuenta con la friolera de 226. Ninguna de las dos tiene título. Ustedes qué proponen?

Estaba bajo la cama, era muy delgada y al mirarla temí que fuese a desaparecer por haberla descubierto allí, longilínea y amarillenta. Se asemejaba a un rayo de luz pálida, una larga esquirla de sol que, siguiendo el eje de la cama, se alargarse tensa como la cuerda de un instrumento fantástico.

Me tendí en la cama. Al tiempo que intentaba dormir, me imaginé ese hilo claro ahí debajo, y la imagen de mi espina dorsal alineándose con él me produjo escalofríos. Girándome, pegué la cara al colchón para burlar el reflejo tangente de aquel filo de luz, pero algo en su cualidad punzante y acerada penetraba a través de la tela y la gomaespuma atravesando la sutil piel de los párpados cerrados hasta clavarse en los ojos.

A tientas, me arrodillé junto al borde de la cama. Seguía allí, tan fina, geométrica y severa como antes. No sé por qué alargué los dedos hacia sus bordes rectos, quizás porque su brillo deslucido resultaba casi tangible. Al roce de los cantos siguió el tacto helado de hilo de alambre y un dolor agudísimo que me hizo retirar la mano de golpe.

Qué espesa y templada me pareció mi sangre entonces.


POR PETICIÓN POPULAR SE INCLUYE A CONTINUACIÓN LA VERSIÓN COMPLETA DE 226 PALABRAS

Estaba bajo la cama, era muy delgada y al mirarla temí que fuese a desaparecer por haberla descubierto allí, longilínea y amarillenta. Se asemejaba a un rayo de luz pálida, una larga esquirla de sol que, siguiendo el eje de la cama, se alargarse tensa como la cuerda de un instrumento fantástico.

“Sólo un rayo de luz”, pensé. Me tendí en la cama. Al tiempo que intentaba dormir, me imaginé ese hilo claro ahí debajo, y la imagen de mi espina dorsal alineándose con él me produjo escalofríos. Girándome boca abajo, pegué la cara al colchón para burlar el reflejo tangente de aquel filo de luz, pero algo en su cualidad punzante y acerada penetraba a través de la tela y la gomaespuma atravesando la sutil piel de los párpados cerrados hasta clavarse en los ojos.

A tientas, me arrodillé junto al borde de la cama. Seguía allí, tan fina, geométrica y severa como antes. No sé por qué alargué la mano hacia sus bordes rectos, quizás porque su brillo deslucido resultaba casi tangible. Tan solo rocé los cantos con las yemas de los dedos, pero el tacto helado de hilo de alambre y el dolor agudísimo que siguió me hicieron retirar la mano de golpe.

Qué espesa y templada me pareció mi sangre entonces.