jueves, 19 de agosto de 2010

Naturaleza muerta



Jueves por la tarde en Roma. Estoy transcribiendo una tablilla de contenido ginecológico que ya fue publicada hace 40 años. La fotocopia de la copia autógrafa se apoya en un delicado atril de madera, que hasta fecha no demasiado lejana costaba 50 céntimos en el IKEA. El atril se apoya sobre un libro de recientísima publicación sobre la medicina babilónica antigua, que se a su vez se sostiene sobre el volumen 2(1) de la prosopografía del imperio neoasirio, que arrima el lomo al segundo volumen de los archivos y bibliotecas de la ciudad de Assur, que descansa sobre el tomo fotocopiado de Hunger sobre los colofones asirios y babilonios.

Si esto no es una naturaleza muerta y bien muerta, que baje Zurbarán y lo vea.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Congreso de Asiriología I: Intro a capella



Los escarceos de Billy Idol con el mundo de la arqueología


Hace más una semana que terminó el congreso anual de Asiriología. Cuando informé a un amigo que estaría en Barcelona para participar en tan magnífico evento,
éste me interpeló: “¿Pero hay suficientes asiriólogos como para montar un congreso?”

¡¿Que si los hay?! ¡Mon dieu (ilīya, que diría un acadio), por supuesto! Lean, si no, las muy informativas líneas que sobre su natura y desde mi humildad atípicamente asiriológica, les dedico a continuación.

Ellos, los otros: ¿Cómo reconocerlos?

Acéptenlo y no se llevarán un disgusto: no existe ningún método fehaciente para reconocer a un asiriólogo a primera vista, a menos que no los vea reunidos en rebaño en un espacio cerrado, portando cartelitos con sus nombres prendidos en la pechera (siempre habrá el sabiondo de turno al que le dé por escribir su nombre en cuneiforme), rodeados de carteles y bandanas indicando que sí, esto es un congreso de asiriología. El uso de camisetas con los logos “No me toques las tablillas”, “Donde pongo el ojo, pongo la cuña” o “Sumerian is dead” todavía no se ha popularizado entre la comunidad.

Los miembros de este grupo humano (llámesele secta, profesión o desgracia) son de lo más variopinto: Sadakos salidas directamente del pozo de “The ring”, papá noeles de luengas barbas amarillas, sacerdotes, exsacerdotes y adoradores de cultos varios, borrachuzos con mil anécdotas (mayormente embarazosas) a sus espaldas, donjuanes esperpénticos capaces de competir con Liz Taylor en lo que a número de casamientos (y separaciones) se refiere, pijos con aire de crítico de arte neoyorquino, víctimas del tatuaje que exhiben tablillas y lamassus a lo largo y ancho de sus cuerpos serranos, tiquismiquis tocanarices, freaks de la gramática, aristócratas de culo prominente, señoras con cara de lagarto, basiliscos furibundos, británico/as crecidos a la sombra del Cambridge dictionary, cuadriculados autómatas, cuadriculados simpáticos, aprendices de Harry Potter, gente que pasaba por allí y se quedó en la profesión, llorones, prepotentes, engreídos, vagos, hormiguitas trabajadoras, amazonas intelectuales, dormilones que en el turno de preguntas siempre tienen dudas que les corroen la tripa, etc. En este caso, un largo y variado et cetera. Yo misma me distinguí en esta ocasión por mi apariencia de Billy Idol con alpargatas. ¡No se fíen, por lo que más quieran! ¡Cualquiera puede ser uno de ellos!

Pero, ¿de qué se habla en un congreso de Asiriología?

En los convenios de este tipo se dan cita principalmente filólogos, adictos a las lenguas semíticas, arqueólogos e historiadores. Esto se traduce en conferencias de tema múltiple, que si tal o cual composición literaria sumeria, que si la reconstrucción del pasaje de Y a partir de un nuevo fragmento procedente de la excavación en el sitio de X, que si una tablilla con un encantamiento que me he encontrado en un altillo de la cocina, que qué quiere decir tal término en los textos del tercer milenio, que si la cadena verbal sumeria, o la ergatividad, que si los relieves de los palacios asirios me dicen esto (o lo otro), que si este ritual se realizaba en tal período del año con motivo de cual evento, etc.

Pues con lo que me ha dicho no lo tengo claro. ¿Se divierten los asiriólogos en dichos eventos?
En general, sí, y no tanto por las conferencias (aunque de todo hay) sino por la vidilla social que trufa la semanita del congreso: recepción por aquí, performance de danza contemporánea por allá, confraternización con colegas, amigos y enemigos de toda la vida, compra de libros en los tenderetes de las editoriales, cierre de tratos típicamente asiriológicos (este fragmento de tablilla que te puede interesar, te cambio dos textos de los tuyos por siete de los míos y sales ganando, etc).

Esto a grandes rasgos. Tendría que contarles, por supuesto, el cariz que tomó mi personal vivencia, pero esta entrada ya resulta demasiado larga, y sinceramente, tampoco tengo muy claro que les interesen mis aventuras mediocres en el negocio de la tablilla. Con pelazos a lo Billy Idol y todo.