viernes, 19 de febrero de 2010

(Re)invenciones científicas del siglo del apagón


Ya no basta con estar loc@, ni con sumirse en ásperos y saturninos silencios apoyando la cabeza en el puño derecho, ni con vagar por cementerios en blanco y negro envueltos en lluvia y cuervos graznantes... no es suficiente deprimirse, ni declararse melancólic@ crónic@, ni experimentar euforias desaforadas: tu enfermedad debe forzosamente poseer un nombre. Otra vuelta de tuerca: tu estado de ánimo debe poder ser "patologizable", diagnosticable, medicalizable.

Recuerdo haber leído hace tiempo que cada año se "descubren" nuevos tipos de trastornos psicológicos, nuevas enfermedades que contribuyen tanto a engrosar las páginas de las publicaciones especializadas, como a hacernos sentir aún más inadaptad@s, más incómodos en nuestras vidas. PERO. La enfermedad no es más que una construcción cultural: más allá de la migraña, de la indigestión y de la caries (que por supuesto molestan y adoloran), existe una enorme telaraña sistémica que no sólo identifica, interpreta, explica e interviene sobre el mal, sino que justamente mediante estos procesos de identificación e intervención, lo crea. Independientemente del "cómo me siento en mi fuero interno etc", existe ese gran ser tentacular llamado biomedicina que se empeña en distinguir mil y un subtipos de depresión, como si esa disección taxonómica mínima ayudase realmente a aislar la raíz del problema.

Si es que el problema existe realmente y no se trata de un esfuerzo absoluto por hacernos encajar en el modelo patológico de nuestros días. Si la religión fue opio en su día, en el presente es la ciencia quien detenta ese papel (y si no, que se lo pregunten a Kuhn y a su The Structure of Scientific Revolutions). Nos creemos a pies juntillas la expansión del universo, la exitencia de las partículas subatómicas o de la antimateria, pero el común de los mortales no poseemos los conocimientos ni los medios adecuados para poder comprobarlo por nosotros mismos (sin considerar que esos mismos conocimientos y medios proceden SIEMPRE de una serie de presupuestos mediados, elegidos en base a ciertos criterios en detrimento de otros: no existe una real imparcialidad ni asepsia en el proceso).

Y para que no se me asusten, aquí les dejo una NOTA CONTEXTUAL. Estoy escribiendo un artículo sobre la melancolía en Mesopotamia (si es que el término puede ser aplicado en este caso, por supuesto), y leyendo y leyendo he podido comprobar la multiplicidad de interpretaciones que se le ha dado al término desde su uso inicial en la antigua Grecia hasta nuestros días. Interpretación = versión (individual o colectiva) de la vida. La ciencia es una construcción humana, el espejo dominante que nos devuelve una versión de nosotr@s mism@s. Y la versión no es lo real... ¿qué es, entonces, la realidad?

2 comentarios:

Pato dijo...

Patológico, como siempre... me has tocado tan de cerca con lo que has escrito y ¡tienes tanta razón! Pero yo deseo dar pena, pues otra cosa no puedo y si me tengo que agarrar a un clavo ardiendo, lo haré con las dos manos, querida amiga.
¿Te has contagiado de la temática con la que trabajas? Te has asimilado con la melancolía mesopotámica... ¡Ah, pero este verano!... piensa en ello.

Qcousas dijo...

Princesa...non hai comentarios posíbeis a esta entrada... non teño nada que engadir, que ampliar, que discernir...
Precisa, esa é a palabra...precisa...