sábado, 5 de diciembre de 2009

Fundido en blanco


(Foto: Si yo fuese un señor con monóculo)

Me voy de Heidelberg, dejo este pueblecito a orillas del Neckar y oculto entre montañas por otro lugar más placentero a la vista. Por la variedad de sus gentes, el colorido de sus ademanes, el deslumbre de su dialecto del sur, y sobre todo, por su efímera atmósfera urbana, me mudo a Mannheim, capital del esparcimiento para aquellos que malviven o sobreviven en el gris plomizo-social de Heidelberg.

¿Les parezco alegre y motivada? Pues les diré que pocas veces en mi vida me he sentido tan cansada físicamente. Como soy fiel defensora del "hágalo usted mismo" (ojo, para casi todo, que todavía hay cosas que funcionan mejor en pareja o en grupo), me he encargado de la mudanza yo sola. Ropa y libros suman todas mis pertenencias, pero algún mueble he tenido que comprar, y no saben cuán incómoda resulta de llevar la superficie de mesa Vika Amon (no se molesten en buscarlo, se lo digo yo: es la más barata de todo el catálogo I-KE-A) cuando se viaja en tranvía. Pero para algo tengo alma (y deje) de camionero.

A partir de mañana me mudo definitivamente a mi Einzimmerwohnung de paredes todavía desnudas (pueden enviarme sus fotos, postales, pósters, lo que gusten, para quitarle al blanco crudísimo parte de su autoridad). Y recen a quien quieran para que no me hagan pagar dos veces la factura de la luz.

PS. Habrán notado que, desde hace algunas semanas y varios posts, escribo en español y no en gallego, como me es acostumbrado. Esto se debe a una estrategia mental: mientras el gallego, por ser mi lengua materna, agudiza todo lo que de morriñoso tiene mi vida, el español, al contrario, por ser lengua aprendida y externa a mi círculo afectivo, me sirve para distanciarme de mi yo cotidiano. Vamos, que el español me convierte en un inglés con monóculo que hace chascarrillos sobre las desgracias y mingurrias cotidianas ... sólo que el objeto de sus chanzas es él mismo. Ella misma, para el caso.