miércoles, 4 de noviembre de 2009

Quién soy yo y qué hago aquí o I've been in the arched room


Foto para el recuerdo: los señores Max Mallowan y Leonard Woolley posan con la señora Agatha Christie (esposa del primero) en el sitio de Ur


Hoy sí, hoy me planté a las 09:55 delante de la sala egipcia del British Museum con todos los trastos a cuestas, y no para mirar, admirar y remirar la piedra de Rosetta, sino para llegar puntualísima a la sala de estudio (student's room, que la llaman en English) del departamento de Oriente Medio. Y es que desde el viernes pasado no funciona el timbre (sí, aquí no se le permite la entrada a cualquiera y hay que pasar la prueba del ding dong), lo que significa que conviene estar delante de la puerta en el momento justo en el que la abren durante 10 segundos para comprobar si hay estudiantes estudiosos esperando. ¿Y por qué? Porque si no deberá usted dirigirse al mostrador de información y pedirle amablemente a la señorita o señorito de turno que por favor contacte telefónicamente con la sala de estudio para que le abran la puerta, y al tiempo que solicita el favor salir corriendo de nuevo hacia la sala egipcia para que, cuando por segunda vez abran la puerta durante 10 segundos, pueda entrar usted.

"¿Ha probado a llamar a la puerta?", me interpeló ayer la señorita del mostrador de información.

"Ni tocando un tambor africano del tamaño de Asia me oirían allí dentro" (pensé yo).


El señor Henry Layard se divierte cosa fina con sus tablillas cuneiformes


Y a este punto, ¿quién soy yo y qué hago aquí? Yo soy (o digo ser), entre otras cosas, una asirióloga, que viene a ser una chiribitera, un persona que se entretiene con pedruscos y garabatos, es decir, que vive fuera de la realidad, y a la que le faltan dos o siete tornillos y algunas tuercas. No me creo demasiado mi papel, pero como tapadera o identidad secreta suele funcionar bastante bien.

¿Qué hago aquí (no el "aquí mundo", el "aquí vida humana", el "aquí cosmos insondable)? El aquí Londres, vaya. Pues eso, ¿no se lo he dicho antes? He venido aquí a ver pedruscos de arcilla llenos de líneas, cuñas y garabatos, pedruscos a los que le faltan trozos, este, ilegible, el otro, amorfo, el de más allá, achicharrado. El aquí es el British Museum. Y el aquí del aquí se llama "the arched room".

Esta sala recibe su nombre por un hecho más que obvio, y es que el cuerpo principal posee una cubrición de arcos de medio punto, bajo los cuales se distribuyen las mesas de estudio con sus flexos, sus lupas, y sus almohadillas de gomaespuma para que pueda usted apoyar cómodamente el pedrusco (también llamado tablilla en Científico) que quiera. A ambos lados de esta sala principal se abren otras de menor tamaño, cubículos de altos techos en los que se disponen en vertical y en horizontal, a diestro y siniestro tras las puertas acristaladas, cientos de cajones o "trays" que contienen tablillas, cilindro-sellos y otros matusalenes inanimados.

Las piezas arqueológicas a estudiar deben ser solicitadas al personal del departamento (les recuerdo que no se trata de un autoservicio, ¡aprendan a evitar las tentaciones!), en un número máximo de 15 por día. A tal efecto debe rellenarse una ficha con los números de registro de las piezas en cuestión, y si ustedes lo hacen correctamente, recibirán en su mesa de estudio un suculento cajón personalizado repleto de curiosos cachirulos. Enciendan el flexo, cojan una pieza cualquiera, la que les llame más la atención, y déjense la retina en la exploración de su superficie durante las cinco horas en las que permanece abierta la sala de estudio.

Hasta aquí llega el relato de hoy. Si desean saber más sobre quién soy y qué hago aquí, no duden en enviar sus comentarios y peticiones.

8 comentarios:

Qcousas dijo...

Jajajaja!!!! Certamente é unha situación ben surrealista e completamente evitábel...

Pato dijo...

Jajajaja! Bueno, no estoy segura de que hayas escrito la entrada para hacernos reír, aunque admiro tu capacidad cuasibritánica de humor negro, mientras seguramente estás que explotas con toda esa insufrible parafernalia burocrática.
Estoy tan segura de que estás haciendo un trabajo excelente que casi, casi no te tomo en serio.
Pero luego me doy cuenta de que, leyendo entre líneas, se descuben los mil truquillos con los que te las arreglas para sortear "el mundo" y pienso: chica, no te das el crédito que mereces!!!
Fantástica, como siempre. Ay. ay, ay... si es que nos tienes mal acostumbrados!

Thomas dijo...

Pues quizá no te oirían, pero desde luego la estampa es genial: tú aporreando un tambor africano al lado de la puerta maldita, con energía, pero también el gesto impasible. Hasta que la abran

-What the...?

Y entonces entras con un "Thanks" casual dejándoles con la palabra en la boca y el tambor ahí mismo. Totalmente Monty Python.

A princesa no xardín dijo...

Si, a verdade é que esta entrada ten un trasfondo humorístico consciente. O mellor: aínda non arreglaron o timbre. Hoxe pola mañá puiden entrar gracias a un obreiro que andaba por alí e tiña as chaves (!!!), e pola tarde, porque comín cun grupo de estudiosos (jajaja! O máis novo pasaba de 50 anos!!) entre os que se contaba un traballador da student's room que nos levou por unha serie de pasadizos secretos ata a "arched room".

Sempre se lle saca máis partido ás traxedias, non si?

el amigo de ted dijo...

Hey! del "Arched Room" a "El Templo Maldito" solo debería haber un paso. Princesa! busca bien, seguro que hay un pasadizo secreto que conduce al clásico templo subterraneo donde un monton de sacerdotes Ungu Ungo ofrecen sacrificios humanos a una divinidad llamada... ummmm, por ejemplo, Katahara-mi.

Harry Sonfór dijo...

Qué entrada más bonita, A princesa. Muchas gracias.

Llosef dijo...

En fin, para un profano como yo, este trabajo trae ecos alucinantes de historias de misterio y terror en el British Museum (vale, vale, estoy leyendo una recopilación de cuentos de terror dedicados al antiguo Egipto y la mitad o así transcurren en habitaciones como las que describes y ante piedras como las que comentas...). En fin, desde aquí, de verdad que se antoja el trabajo más apasionante, aunque no lo creas...

Y de las puertas, qué decir, si en mi trabajo dos de cada cinco mañanas hay que esperar una hora a poder abrirla porque ni nos dejan arreglarla, ni los que pueden hacerlo quieren. pero lo cuentas de forma tan divertida que me ayudará cuando mañana a las ocho menos cuarto esté de nuevo helado en la calle...

Abrazos sureños.

A princesa no xardín dijo...

¡¡Cuántos comentarios, muchas gracias!!

Amigo de Ted, señor Sonfór, Llosef, hacen que mi trabajo parezca digno de mérito. Ojalá algún día (junto a Cousas, Thomas y Pato) podamos protagonizar una aventura surrealista en los subterráneos del British Museum, con chicas en bikini disparando escarabeos egipcios, monjes con túnica de cuero adoradores de Lamashtu, y cowboys futuristas capaces de hablar en acadio al revés, como mínimo.

Bicos, biquiños e bicazos pra tod@s!