martes, 26 de febrero de 2008

Cuando la realidad se desencaja, y de repente los muebles, las paredes, los cuadros, las montañas de libros apilados por toda la casa, todas las cosas y objetos que me rodean, se transforman en seres angulosos que se rebelan contra el espacio, picudos y angulosos como cuadros de Picasso, ¿qué es lo que debería hacer?
Últimamente mis días son así, cubistas y por momentos algo abstractos. La realidad, todo eso que está fuera de mí, se me aparece temblorosa. Yo creo que se está volviendo loca poco a poco y en silencio, para que nadie se dé cuenta... continúo teniendo problemas para articular frases coherentes en cualquier idioma, se me atragantan las palabras no ya cuando las pronuncio, sino en el mismo instante en que las pienso.
El cielo lleva dos días vestido de gris, pero no ha caído ni una sola gota de lluvia. Como mi cabeza, nublada.
Y hoy he leído esto, escrito por Walt Whitman:

"No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre..."

pero yo sólo veo el filo de las cosas, que abren sus fauces geométricas para morderme. ¡Ayúdeme usted, señor Whitman!