lunes, 8 de septiembre de 2008

UN CADÁVER EN EL BALCÓN



Cuando una se ausenta de casa durante un mes, puede suceder cualquier cosa: una cocina inundada, una notificación importante muerta de asco en el fondo del buzón, una cerradura que se resiste a girar sobre sí misma, una puerta forzada, una nota de los ladrones dando las gracias por la contribución hecha a la causa.

Nosotros, Lo y yo, hemos estado fuera justamente un mes, y habiendo cruzando el umbral de nuestro pequeño apartamento, ni inundaciones ni noticias inesperadas ni puertas tenazmente cerradas ni misivas de ladrones nos obstaculizaron el paso. La nevera, sin embargo, deshecha en lágrimas (quién sabe si con motivo de nuestra partida), nos recibió con charcos helados y legamosos. En el armario de la cocina, un ecosistema de huevas de quién sabe que insecto dormía plácidamente. Y hasta aquí, todo bien.

Entonces nos encontramos con su cadáver en el balcón.

Lo cubrimos con un plástico, atrancamos la puerta y nos fuimos tan tranquilos a dormir, tan sólo a unos pasos de aquel cuerpo que llevaba muerto varias semanas. "Domani ci pensiamo".
Lo digo alto y claro: nunca me han gustado las palomas, las considero ratas volantes, siempre prontas a abalanzarse con violencia sobre cuatro migas de pan, contaminan con sus excrementos, y cargan entre sus plumas con un ejército de parásitos. Imaginaos la ilusión que pudo hacerme descubrir que una de estas pequeñas bestias había decidido morir en nuestro balcón.

Reconozco que su historia está marcada por la tragedia: esta paloma-cadáver decidió hacer su nido bajo la funda de plástico que protegía la bici de Lo, y quién sabe por qué motivo, quedó atrapada y ahí se murió... ni que el aire de la ciudad volviese a los animales menos instintivos...
Fue Lo el encargado de deshacerse de su cuerpo y del nido, de limpiar y desinfectar la agonía del animal, de borrar los restos de este pequeño drama fauno-urbanita. Gracias por haberme ahorrado el espectáculo.

Algunos añadirían como final un "Hogar, dulce hogar", o "Feliz vuelta a casa". Yo, si me lo permiten, me ahorro el comentario, y acabo con un simple punto.
Punto

2 comentarios:

Pato dijo...

A mí me gustan todas las aves, todas. Con parásitos y desparasitadas. Carroñeras y rapaces. Hermosas y magestuosas (águilas)o comunes e irisadas (palomas). Las que no saben volar (pobres gallinitas) y las que vuelan sin descanso durante años (patos...). La visión de un pájaro muerto es agorera. Una pequeña catástrofe se avecinaba: Lo de vuestra nevera. Lo que pasa es que no estábais ahí para recibir el aviso.
¿Cómo te iban a gustar a ti las palomas, felina, para otra cosa que no fuera destrozarlas?

LeBoheme dijo...

Las palomas, ese animal con ecosistema propio, millares de personajes viven el él, e incluso me han contado que hay unos cuantos que han emprendido una gran aventura, dicen que tienen que tirar no se que anillo a no se que montaña....
jajajaj

Sí sí, por si no lo sabías Tolkien pensaba en las palomas cuando ideó la Terra Media, XDD

Ni caso, marmota pseudo-ida al aparato.

Mil besos!