martes, 12 de agosto de 2008

UN SÁBADO CUALQUIERA EN EL REINO DE ISABEL II

El sábado me desperté con el sonido del timbre... el cartero, que traía un paquete para Peter, el otro inquilino del piso (resultó ser el primero de una serie que llegaron algo más tarde, traídos por otro cartero una hora más tarde). Peter es de Liverpool, y será por eso que su figura plácida y descoordinada, coronada por una melena siempre gris e incipiente, y sus ojos miopes perdidos tras los cristales graduados, evoca al quinto (o sexto) Beatle, el que nunca olió el éxito. Es bastante simpático y siempre busca la manera de dar conversación sin resultar invasivo: comida, cultura, viajes gozan de especial simpatía como temas para entrenar a la sin hueso. ¿Y cómo se gana la vida este Peter? Pues escribe para distintos periódicos británicos, como The Guardian, da clases y cursillos, y está preparando su primera novela. No podéis imaginaros el escaso nivel de romanticismo que posee la casa de un escritor inglés que ha traspasado ya el umbral de los 40. Eso sí, la más que notable cantidad de libros atesorados por este personaje, y su absoluta disponibilidad para cederlos en préstamo a sus dos coinquilinos (léase Lo y yo), compensan en buena parte las incomodidades derivadas de ocupar un semisótano en la lluviosa capital.

Sábado, decía. Lo y yo salimos a la calle con la intención de “hacer algo”, sopla el viento y parece que algo similar al sol brilla en alguna parte indefinida del cielo. Pienso para mí, convenciéndome, que el viento y el sol se llevarán la humedad lejos de mi ropa y de mis huesos, que el suelo se secará por fin, y que algo parecido al verano despertará en Londres y barrerá, aunque sea sólo por un día, el frío, la lluvia y esta sensación continua de estar a punto de caer enferma.
A esto se le llama “ilusión”: Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.
Al poco tiempo empezó a llover, y desde entonces no ha parado de caer agua.

A pesar de ello, conseguimos llegar al museo de historia natural, donde las riadas de gente sustituyeron a las riadas de lluvia, y el gris dominante de Londres dejó paso al multicolor plumaje de los pájaros exóticos, a las formas imposibles de los peces abisales, y a los huesos fosilizados de criaturas extintas para siempre.

MIS FAVORITOS

Pájaro del paraíso


Araña bola


Araña lobo


Thomas Hawkins (1840), The Book of the Great Sea Dragons


Mary Anning (1799-1847), buscadora de fósiles de dinosaurio


Anglerfish

4 comentarios:

Pato dijo...

Haces que todo suene a Charles Dickens, qué gran talento.
Nunca he estado en el Museo de Historia Natural, pues siempre ha habido algo que lo ha impedido (normalmente el hecho de que prefería vagar en busca de libros y cómics).
Parece que le estás sacando un gran provecho a tu estancia londinense.
Un consejo: no cojas ningún autobús.
Suerte.

Qcousas dijo...

Juan, o meu xefe, sempre me conta que nas súas viaxes o primeiro que fai é, ademais de fotografar pontes, visitar os museos de Historia das cidades. Faloume moito do de Chicago, que lle encanta... e eu estou comezando a sentir un crecente interese por eles. Encantaríame poder estar aí as tres e percorrelo por todos os seu recunchos.

Bicos, parrula!

A princesa no xardín dijo...

Cousas, iso sería estupendo, o Trío Marabillas na metrópole londinense!!! "Todo se andará¨.

Pato, tarde piaches: aquí en Londres sempre collo o autobús, porque é moito máis barato que o metro e as nosas finanzas son bastante reducidas. Conducen coma tolos, é certo, moito peor que en Roma, e non sei como non esnafran 8 de cada 10 autobuses... aínda así, asegúroche que teño coidado ;P

Thomas dijo...

"Pienso para mí, convenciéndome, que el viento y el sol se llevarán la humedad lejos de mi ropa y de mis huesos, que el suelo se secará por fin, y que algo parecido al verano despertará en Londres y barrerá, aunque sea sólo por un día, el frío, la lluvia y esta sensación continua de estar a punto de caer enferma."

Me encanta esta parte. Cambiando lo de "Londres", creo que valdría la pena reutilizarla para Los Señores de la Tormeta, u otra narración.

Desde luego, esto empieza a parecer un enfrentamiento en toda regla entre Londres y tú (y ahora, los autobuses kamikaze!)

¡Ánimo, y que los siguientes refugios que encuentres estén a la altura de ese Museo!