martes, 19 de agosto de 2008

LA DIETA DEL JENGIBRE



No me refiero a una dieta adelgazante, reconstituyente ni depurativa, ni para mejorar el aspecto de la piel ni de las uñas ni el cabello. No es objeto de discusión en los foros de salud y estética, no se publican suplementos veraniegos que informen de sus virtudes sin par, y, probablemente, nadie la sigue... excepto yo.
La dieta del jengibre deriva de la gula, simple y llanamente, porque esa raíz es mi debilidad. Su nombre deriva del sánscrito singavera (griego ζιγγίβερις, latín zingĭber), que se traduciría, según dicen los que entienden de esta lengua, por “formado como un cuerno”. Nunca los cuernos fueron más apetecibles...

Estar en Londres no hace sino que se agrave mi enfermedad, puesto que los supermercados ofrecen múltiples productos basados en el jengibre.
Mis dosis diarias se sustentan en:
- jengibre al natural, usado en la preparación de platos o como aditivo a cualquiera de los tés e infusiones (a las que también soy adicta) que reinan en la alacena. En esta categoría se integra el jengibre en vinagre (gari) que acompaña al maki, al sushi, al sashimi, y demás delicias culinarias japonesas.
- infusión de jengibre y limón (en este caso producida por Twinnings), muy caliente, porque el calor contribuye a acentuar su sabor punzante y fresco.



- cerveza de jengibre. Si bien su sabor guarde una cierta relación con el de un limpiador del baño, las burbujas la hacen irresistible.
- mermelada de jengibre. La única que, por el momento, he probado resulta demasiado dulzona para mi gusto. Eso sí, cuando un trozo de jengibre almibarado acaba entre los dientes, mmm, gloria, que dirían algunos.
- galletas de jengibre. Habría que probarlas todas para aprender a distinguir todos los matices de las diversas facturas. Entre mis favoritas, aquellas con trozos de jengibre confitado y cubiertas de chocolate negro.
- jengibre confitado (en relación a la anterior), para mí, un placer sin nombre. Para mi fortuna, esto sí que se encuentra en Roma.
- chocolate amargo con trocitos de jengibre, mi más reciente descubrimiento en este campo de estudio.

Piensen que también recurro al perfume de jengibre (Tesori d'Oriente – Zenzero), a la crema corporal de jengibre y amapola (Bottega Verde – Zenzero e papavero), y que alguna vez me he comprado jabón hecho con la mágica raíz.
Las obsesiones merecen un nombre, y este es el que le corresponde a la mía: jengibre.

4 comentarios:

Pato dijo...

Lo tendré en cuenta...

Louise dijo...

Un mundo de posibilidades..yo siempre tengo jengibre en vinagre en la nevera, y me he traído de Londres esa infusión que dices, pero me quedo con el antojo del jengibre confitado. Otra tontería con jengibre: el puré de patatas en copos aliñado con jengibre en polvo.

Anónimo dijo...

pedona me puedes decir donde puedo consegir el perfume tesori d´orente en españa

mi correo electronico es indichica87@hotmail.com
gracias

Anónimo dijo...

Al final no lo pude encontrar en España, pero lo he pedido a una tienda Italiana y supongo que me llegara pronto. Gracias
indichica87@hotmail.com