jueves, 21 de agosto de 2008

FALSA ALARMA



A las tres, la alarma antiincendios empezó a sonar en la biblioteca, para estupor mío, que no sabiendo qué hacer, me abracé a mi ordenador portátil y me uní al riachuelo de personas que caminaban despacio hacia la salida de emergencia. Obviamente, era una simple prueba de evacuación, y ningún incendio real se detectó en el edificio, pero encontrarme en medio de la calle con otras decenas de personas, abrazada impúdicamente a esta máquina tecnológica desde la que les escribo habitualmente, no me llenó de emoción, precisamente. Media hora quieta como un palo negro-verde-violeta, esperando a que nos reinstalasen en la biblioteca.

Y es que, para mi fortuna o para mi desgracia, soy terriblemente tímida en algunas circunstancias, y el verme allí, rígida, incómoda, como expuesta en una vitrina de Oxford Street, sin atreverme a hablar con nadie (es más, recibiendo alguna que otra mirada severa, o gris, o impertinente), me inhibió todavía más. Reconocí a algunas personas del personal del Wellcome, gente que trabajaba aquí hace ya cuatro años, la última vez que estuve en la institución como investigadora asociada (ahora mismo disfruto de la biblioteca con un simple carnet de lectora), pero no me atreví a presentarme ante ellos... quizás no me habrían reconocido, o peor, reconociéndome, no habrían sabido qué decirme...

Que animales extraños, los seres humanos, que nos consideramos el centro del mundo y de la experiencia, como raza y como individuos... qué me importará a mí si me reconocen o no, o por qué debería comportarme como un animal altamente sociable, cuando en realidad yo (animal mamífero escurridizo y curioso), prefiero la compañía de los buenos viejos amigos o de los nuevos amigos en vías de convertirse en viejos, si no me gusta fingir (o más bien me cuesta horrores hacerlo) que soy abierta-dicharachera-despreocupada entre olé va y olé viene como se espera de (casi) toda española que se precie. Por una parte, las personas me inspiran un cierto temor. Por otra, ni siquiera pienso en ello. Y con cada día que pasa, mis pequeñas neuras se convierten en (también pequeñas) virtudes, y lo que antes era vivido como un grave defecto de carácter, ahora me parecen capacidades en potencia que sólo de vez en cuando causan una molestia comparable a la de una piedrecilla dentro del zapato.

Quizás ese terror hacia lo humano que me ha invadido hoy haya sido también una falsa alarma. Sólo hoy, porque el fin de semana pasado, en el Imperial War Museum, el horror fue realidad, fue muerte, fue masacre... nuestro siglo XX que nos vio nacer y que nos acunó entre sus brazos, fue una oda a las nuevas tecnologías militares, a la devastación en masa, a esa nueva táctica basada en el ataque de objetivos civiles. Y su heredero, el siglo XXI, promete quién sabe qué otras delicias bélicas.

Para cerrar este penosísimo panegírico a la humanidad: El planeta de los simios



'Beware the beast man, for he is the Devil's pawn. Alone among God's primates, he kills for sport or lust or greed. Yea, he will murder his brother to possess his brother's land. Let him not breed in great numbers, for he will make a desert of his home and yours. Shun him, for he is the harbinger of death.'
(Pero qué triste que también los habitantes del planeta de los simios fuesen monoteístas y creyesen a pie juntillas en sus ficticios textos sagrados)

3 comentarios:

Pato dijo...

Ah, qué bien escribes... Pensar que todas tus palabras se encuentran también, desordenadas, en mi cabeza...
Pienso exactamente igual que tú en ese aspecto: fingimos, fingimos y volvemos a fingir, porque eso se espera de nosotros.
No daré levantado cabeza nunca.

Thomas dijo...

Llevo demasiado tiempo intentando escribir un comentario razonablemente corto... y al final siempre acabo saliendo algo parecido al primer capítulo de EL MANIFIESTO ANTISOCIAL o algo así.

En fin: te entiendo muy bien, cuentas con toda mi simpatía (la poca que tengo!) y ya debatiremos el tema cuando haya ocasión, que tiene chicha y dogmas muy pisoteables.

Mientras tanto, ánimo y a cuidarse de los elementos!

Qcousas dijo...

Quizais polo meu traballo e pola xente coa que me relaciono nel, eu teño unha capacidade inusitada para confiar no ser humano... e así me gusta que sexa... somos capaces de cousas terribles, pero tamén de accións espectaculares... eu necesito crer en nós...