miércoles 13 de enero de 2010

EL TÍO OTTO Y EL MAR DE PELUSA


En esta ocasión, como por arte de magia y birlibirloque, de tres post mal articulados me he sacado uno, uno único, por cierto. Un post muy alemán. Aquí hace mucho frío y les echo de menos.

Domingo, 10 de enero de 2010

¿Cuántas veces seguidas se puede escuchar la misma selección de música sin volverse loco? ¿Cuánto hay que beber, fumar y consumir en general para conseguir escuchar el mismo cd una y otra vez después de una larga noche de juerga sin llegar a perder la razón? Yo desconozco la respuesta, y no tengo intención de bajar a la calle para preguntárselo a mis vecinos espontáneos, que desde las 8 (o incluso antes) de esta mañana de domingo, corean los mismos Greatest Hits rockeros (Wish you were here, Paranoid, Whole lotta love). No sé si son los restos trasnochados supervivientes a la hora de cierre del Onkel Otto Bar, o si los mormones han adoptado métodos más modernos para captar adeptos, pero ya es la 1 de la tarde, y estos siguen, aunque notablemente con menos fuerza, amenizando este domingo blanco y silencioso.

De esta guisa les doy la bienvenida a mi nuevo apartamento en Mannheim, austero en la decoración y en la disposición, y con un claro predominio del blanco y del negro. Cotidiano invernal en B/N, como mi vida misma. Hasta Darwin en su postal sepia mira para otro lado, “yo a esta no la conozco de nada, oiga” (o quizás simplemente se esté preguntando cómo llegar a la postal de su estudio, que pende de una chincheta unos centímetros más abajo).

Sin fecha

No hay manera de encontrar palos de escoba en los supermercados alemanes. Almohadas anatómicas, calzoncillos y hasta palas de nieve, sí, pero ¿escobas? ¿Y qué me dicen de las fregonas, que en su día fueron el principal producto de importación de los trabajadores/as españoles/as en el extranjero teutón? Siguen siendo producto de lujo.

Háganme caso. No se fíen de un país que navega en el mar de la pelusa.

Lunes, 11 de enero de 2010

Cada día cojo dos tranvías, un tren y un autobús (o un autobús, un tren y dos tranvías) para ir al trabajo y volver a mi espartano hogar. Entre Mannheim y Heidelberg se extiende una extensa Nada sólida, cubierta de nieve inmaculada y virgen sobre la que nadie ha puesto el pie. Son campos extensos sembrados de macizos postes metálico-eléctricos, de seda helada, de hileras escuálidas en las que se alinean árboles mondos y arbustos tiritantes. Cuando voy en tren sólo existen dos colores en el mundo, el blanco cegador y el negro retraído, y me gustaría que algún paisajista dejase a un lado las verdes colinas, los riachuelos primaverales y todo el cobre del otoño, y se atreviese a pintar un cuadro con estos dos colores, las dos esencias, los dos venenos de mi día a día.

Nota de última hora. Mi hogar se queja y pide que rectifique mi anterior afirmación: el señor Hogar da Princesa se declara espartano en cosas mundanas, pero poblado de ideas. Unas ideas muy habladoras y ruidosas, por cierto, y que no pagan su parte de alquiler, pero que me hacen mucha compañía, y por ello me inclino y genuflexo ante ellas.

lunes 4 de enero de 2010

Una difícil elección



Discúlpenme si me salto los preliminares (¿Cómo están? ¿Han empezado el año con buen pie? Feliz 2010. ¿Han hecho muchos regalitos?, etc), pero ¿qué les parece si me ayudan a elegir qué libros llevarme a Alemania para mi cotidiano y saludable solaz?

Elijan tres títulos de la lista que encontrarán a continuación, teniendo en cuenta sus inclinaciones personales, su curiosidad, o su desidia. Como única condición les pediría que incluyesen en su tríada uno de los títulos del 13 al 17 (ensayos y estudios históricos).

Sepan disculparme si incluyo wikilinks en algunos títulos para que usen como puntos de información en lugar de facilitarles datos de mi puño y letra, pero no dispongo de prosa aguda (mucho menos llana o esdrújula) en estos mis últimos días de vacaciones.

Y gracias de antemano por sus sabios consejos.

1) Charles Maturin, Melmoth the Wanderer
http://en.wikipedia.org/wiki/Melmoth_the_Wanderer

2) Charles Dickens, Bleak House
http://en.wikipedia.org/wiki/Bleak_House

3) James Joyce, Dubliners
http://en.wikipedia.org/wiki/Dubliners

4) Charlotte Brontë, Shirley
http://en.wikipedia.org/wiki/Shirley_%28novel%29

5) Ramón J. Sender, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre
http://es.wikipedia.org/wiki/Lope_de_Aguirre

6) Wilkie Collins, The woman in white
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Woman_in_White_%28novel%29

7) Charles Nodier, I demoni della notte e altri racconti (Smarra, ou les démons de la nuit)
http://en.wikipedia.org/wiki/Charles_Nodier

8) Yasunari Kawabata, Racconti in un palmo di mano (Tenohira no shōsetsu)
http://en.wikipedia.org/wiki/Palm-of-the-Hand_Stories

9) Yukio Mishima, Dopo il banchetto (Utage no Ato)
http://en.wikipedia.org/wiki/After_the_Banquet

10) Yukio Mishima, Neve di primavera (Haru no Yuki)
http://en.wikipedia.org/wiki/Spring_Snow

11) Sawako Ariyoshi, Il fiume Ki (Ki no kawa)
http://en.wikipedia.org/wiki/Sawako_Ariyoshi

12) Jean-Paul Sartre, La nausea (La Nausée)
http://en.wikipedia.org/wiki/Nausea_%28novel%29

13) Jacques Le Goff, La nascita del purgatorio (La Naissance du Purgatoire)
http://es.wikipedia.org/wiki/Jacques_Le_Goff

14) Marc Bloch, I re taumaturghi (Les Rois thaumaturges. Étude sur le caractère surnaturel attribué à la puissance royale particulièrement en France et en Angleterre)
http://es.wikipedia.org/wiki/Marc_Bloch

15) Carlo Ginzburg, Historia nocturna. Las raíces antropológicas del relato (Storia notturna. Una decifrazione del sabba)
http://es.wikipedia.org/wiki/Carlo_Ginzburg

16) Jean-Claude Schmitt, Spiriti e fantasmi nella società medievale (Les revenants. Les vivants et les morts dans la société médiévale)
http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Claude_Schmitt

17) Antonio Caronia, Il corpo virtuale. Dal corpo robotizzato al corpo disseminato nelle reti
http://www.wikiartpedia.org/index.php?title=Il_corpo_virtuale._Dal_corpo_robotizzato_al_corpo_disseminato_nelle_reti

sábado 5 de diciembre de 2009

Fundido en blanco


(Foto: Si yo fuese un señor con monóculo)

Me voy de Heidelberg, dejo este pueblecito a orillas del Neckar y oculto entre montañas por otro lugar más placentero a la vista. Por la variedad de sus gentes, el colorido de sus ademanes, el deslumbre de su dialecto del sur, y sobre todo, por su efímera atmósfera urbana, me mudo a Mannheim, capital del esparcimiento para aquellos que malviven o sobreviven en el gris plomizo-social de Heidelberg.

¿Les parezco alegre y motivada? Pues les diré que pocas veces en mi vida me he sentido tan cansada físicamente. Como soy fiel defensora del "hágalo usted mismo" (ojo, para casi todo, que todavía hay cosas que funcionan mejor en pareja o en grupo), me he encargado de la mudanza yo sola. Ropa y libros suman todas mis pertenencias, pero algún mueble he tenido que comprar, y no saben cuán incómoda resulta de llevar la superficie de mesa Vika Amon (no se molesten en buscarlo, se lo digo yo: es la más barata de todo el catálogo I-KE-A) cuando se viaja en tranvía. Pero para algo tengo alma (y deje) de camionero.

A partir de mañana me mudo definitivamente a mi Einzimmerwohnung de paredes todavía desnudas (pueden enviarme sus fotos, postales, pósters, lo que gusten, para quitarle al blanco crudísimo parte de su autoridad). Y recen a quien quieran para que no me hagan pagar dos veces la factura de la luz.

PS. Habrán notado que, desde hace algunas semanas y varios posts, escribo en español y no en gallego, como me es acostumbrado. Esto se debe a una estrategia mental: mientras el gallego, por ser mi lengua materna, agudiza todo lo que de morriñoso tiene mi vida, el español, al contrario, por ser lengua aprendida y externa a mi círculo afectivo, me sirve para distanciarme de mi yo cotidiano. Vamos, que el español me convierte en un inglés con monóculo que hace chascarrillos sobre las desgracias y mingurrias cotidianas ... sólo que el objeto de sus chanzas es él mismo. Ella misma, para el caso.

viernes 27 de noviembre de 2009

Cosas que me han enseñado los alemanes, 1ª parte



He aquí la número 0: el hecho de que esta sea sólo la primera parte de una serie de entradas sin número preciso confirma que he aprendido a ser optimista y a mantener la esperanza en las capacidades didácticas de teutones y teutonas.

1. Las bicicletas poseen una naturaleza claramente híbrida. Son anfibios de dos ruedas, peatones o vehículos a pedal según la circunstancia, el tiempo o la voluntad del conductor. Si tuviesen alas y potencialidad submarina serían instrumentos de guerra perfectos.

2. El complemento ideal para todo momento y ocasión es el que a continuación les describo: una bolsa de papel de estraza tamaño din a-5 con mensajes del tipo "immer frisch" o "festlich lecker", o cualquier otra frase hecha que consiga hacerles la boca agua. En alemán, por supuesto, tanto el mensaje como el rugido del estómago. La bolsa deberá obligatoriamente estar rellena con algún tipo de bollo, panecillo, dulce o galleta que habrá de mordisquearse mientras se sube al autobús, se ven escaparates, o se va en bicicleta (véase el punto 1).

3. La comúnmente aceptada eficiencia alemana puede convertirse, en un abrir y cerrar de ojos, en pura leyenda urbana, y ríanse ustedes del perro, la mermelada y Ricky Martin encerrado en el armario. Será una especie de complejo de Edipo respecto a los clichés mediterráneos: vinito, tapita, siesta, lerele, chupito y juerga. O esto, o es que he dado con el sur flamenco de Alemania.

4. El espacio vital es una percepción absolutamente subjetiva y no demostrable empíricamente. Ergo, no se sorprendan si se le echan literalmente encima mientras rebuscan en la sección de ofertas de tal o cual librería, o mientras cruzan un paso de cebra. Esos 50 centímetros reglamentarios de distancia que usted cree (y la creencia no es evidencia) que le pertenecen son pura quimera. Las sombras de la cueva de Platón. Un gato que, como todos, al ser de noche se vuelve pardo. Etc.

5. El cerdo es un animal sagrado, y justamente por esto se le honra diariamente a base de cuchillo y tenedor. El cerdo, versátil como la arcilla en las manos del Creador, no conoce límites, sino que los expande hasta el infinito y más allá. Guiso de cerdo con salsa de cerveza, Schnitzel (no tengan en cuenta que lo vendan por plato austríaco, porque en realidad es italiano) y salchichas de todo tipo. Y no sólo eso. El bienamado gorrino toma forma de figura de mazapán en su avatar Glückschwein, y además de dulce se transforma en figura de fortuna y buena suerte para el Año Nuevo.

Tomen nota: pongan un cerdo en su vida, pero asegúrense que tenga el corazón de almendra y azúcar.

martes 10 de noviembre de 2009

El valor de un buen enemigo



Ustedes, ¿qué opinan? ¿Que es mejor malo conocido que bueno por conocer? ¿Que mejor solo que mal acompañado? ¿Que Dios les libre de sus amigos que de sus enemigos ya se encargan ustedes? ¿Que Dios los da y ellos se juntan? ¿Que a mí qué que llevo prisa?

Pues fíjense que yo misma tengo tres archienemigos y medio, o para ser más precisa, tres archienemigas y un señor con las orejas levantadas. "¡Imposible!", les oigo decir a ustedes, maravillados, "esa rapaciña, con esa cara de buena persona que tiene, ¿cómo puede haberse ganado el odio de alguien?". Sinceramente, no me he esforzado en demasía por cultivar mis enemistades, y eso explica, probablemente, la dudosa calidad humana de mis enemigos. Un buen enemigo, diría yo, puede resultar tan vital como contar con un buen amigo, pero en mi caso todas mis opositoras pecan de desequilibrios varios, alteraciones de comportamiento, fobias y miedos inexplicables... no son verdaderos malos, sino sólo personas avinagradas, o con dificultad para relacionarse con otros seres humanos, o gente que se siente amenazada ante cualquier circunstancia.

Les cuento todo esto porque hoy me he encontrado, justamente, con una de mis archienemigas. La señora, en su día, se tomó muy mal que yo hubiese publicado un artículo que guardaba relación directa con una de sus líneas de trabajo. Yo, por aquel entonces, era únicamente una estudiante de futuro incierto (e incierto sigue siendo mi futuro, pero al menos me he doctorado y ya puedo elegir la opción "Dr." cuando compro billetes de Ryanair). Me sinceraré, pues, con ustedes: mi grado de amenaza es más bien bajo, pero de nada vale, la señora se tomó mi acto como un intento de golpe de estado, y me dedicó un mail muy florido que todavía conservo. ¿Cuál fue el motivo de esta su visita? ¿Vengarse? ¿Hacer correr la sangre? Pues no, lamento decepcionarles. El jefe del departamento la invitó para dar una charla en petit comité (los motivos ocultos de la invitación no se los cuento, que es muy feo hablar de las personas a sus espaldas), y ahí estábamos cinco personas con café requemado y galletitas para la ocasión (que yo no probé, para hacerme la ilusión de que mis enemigos son realmente peligrosos). Y esto fue lo que me encontré: me saludó muy efusivamente, me dio dos besos, y me dijo (¡atención!) que mi artículo le había parecido muy interesante.

Mi alma retranqueira típicamente gallega le habría respondido con chispa y descaro, pero preferí no hacerlo. La retranca, para quien se la merezca y se la haya ganado a pulso.

Por cierto, con el señor de las orejas levantadas, a pesar de sus temores repetidos a que yo le "robase" la exclusiva de publicación de su material de trabajo, mantuve una conversación bastante interesante en el British Museum. Les informo de que en este mundillo, al contrario que en la prensa del corazón, las exclusivas duran décadas, y no es infrecuente que el asiriólogo-paparazzi de turno se muera antes de haber logrado publicar el material en cuestión. Pueden decirlo ustedes bien alto, y tendrán razón: "Estos... ¡son unos vagos! ¡Y encima, cobran!"

miércoles 4 de noviembre de 2009

Quién soy yo y qué hago aquí o I've been in the arched room


Foto para el recuerdo: los señores Max Mallowan y Leonard Woolley posan con la señora Agatha Christie (esposa del primero) en el sitio de Ur


Hoy sí, hoy me planté a las 09:55 delante de la sala egipcia del British Museum con todos los trastos a cuestas, y no para mirar, admirar y remirar la piedra de Rosetta, sino para llegar puntualísima a la sala de estudio (student's room, que la llaman en English) del departamento de Oriente Medio. Y es que desde el viernes pasado no funciona el timbre (sí, aquí no se le permite la entrada a cualquiera y hay que pasar la prueba del ding dong), lo que significa que conviene estar delante de la puerta en el momento justo en el que la abren durante 10 segundos para comprobar si hay estudiantes estudiosos esperando. ¿Y por qué? Porque si no deberá usted dirigirse al mostrador de información y pedirle amablemente a la señorita o señorito de turno que por favor contacte telefónicamente con la sala de estudio para que le abran la puerta, y al tiempo que solicita el favor salir corriendo de nuevo hacia la sala egipcia para que, cuando por segunda vez abran la puerta durante 10 segundos, pueda entrar usted.

"¿Ha probado a llamar a la puerta?", me interpeló ayer la señorita del mostrador de información.

"Ni tocando un tambor africano del tamaño de Asia me oirían allí dentro" (pensé yo).


El señor Henry Layard se divierte cosa fina con sus tablillas cuneiformes


Y a este punto, ¿quién soy yo y qué hago aquí? Yo soy (o digo ser), entre otras cosas, una asirióloga, que viene a ser una chiribitera, un persona que se entretiene con pedruscos y garabatos, es decir, que vive fuera de la realidad, y a la que le faltan dos o siete tornillos y algunas tuercas. No me creo demasiado mi papel, pero como tapadera o identidad secreta suele funcionar bastante bien.

¿Qué hago aquí (no el "aquí mundo", el "aquí vida humana", el "aquí cosmos insondable)? El aquí Londres, vaya. Pues eso, ¿no se lo he dicho antes? He venido aquí a ver pedruscos de arcilla llenos de líneas, cuñas y garabatos, pedruscos a los que le faltan trozos, este, ilegible, el otro, amorfo, el de más allá, achicharrado. El aquí es el British Museum. Y el aquí del aquí se llama "the arched room".

Esta sala recibe su nombre por un hecho más que obvio, y es que el cuerpo principal posee una cubrición de arcos de medio punto, bajo los cuales se distribuyen las mesas de estudio con sus flexos, sus lupas, y sus almohadillas de gomaespuma para que pueda usted apoyar cómodamente el pedrusco (también llamado tablilla en Científico) que quiera. A ambos lados de esta sala principal se abren otras de menor tamaño, cubículos de altos techos en los que se disponen en vertical y en horizontal, a diestro y siniestro tras las puertas acristaladas, cientos de cajones o "trays" que contienen tablillas, cilindro-sellos y otros matusalenes inanimados.

Las piezas arqueológicas a estudiar deben ser solicitadas al personal del departamento (les recuerdo que no se trata de un autoservicio, ¡aprendan a evitar las tentaciones!), en un número máximo de 15 por día. A tal efecto debe rellenarse una ficha con los números de registro de las piezas en cuestión, y si ustedes lo hacen correctamente, recibirán en su mesa de estudio un suculento cajón personalizado repleto de curiosos cachirulos. Enciendan el flexo, cojan una pieza cualquiera, la que les llame más la atención, y déjense la retina en la exploración de su superficie durante las cinco horas en las que permanece abierta la sala de estudio.

Hasta aquí llega el relato de hoy. Si desean saber más sobre quién soy y qué hago aquí, no duden en enviar sus comentarios y peticiones.

martes 13 de octubre de 2009

Chica con problemas busca lugar discreto donde cortarse las venas



É puro cinismo, pero que queredes, hoxe preciso un pouco de obscenidade aínda que só sexa a través dunha ristra de palabras mal cosidas. Que frío fai en Heidelberg. Que outono escuro no que o sol aparece e desaparece entre a néboa e as chuvieiras. Que soidade impar (se fose par, xa non sería soidade).

Estando así, comigo mesma, sempre consciente de habita-lo meu corpo, acabo por sentirme fóra de lugar ... dentro de min significa ausentarme e querer facerme pequena e de peto. Pensade que case non falo durante o día, acabo por esquecer como soa a miña voz, e cando falo con Lo cústame tempo lembrar de novo como se constrúen as palabras, como se enfían as frases unhas con outras para ofrecer simplemente un sentido, un "estado de plena consciencia".

E cando falo, non son eu, senón unha sombra de min que me oculta, porque este é o poder do exilio do corazón.

E a cereixa do desánimo é esta: teño que mudar de piso, para fortuna da miña némesis Inseguridade Crónica, que se entretén facéndome contestar en alemán ós anuncios de aluguer, sabendo que na fala perdo os papeis e, máis que articular, grallo coma un corvo posuído.

Animádeme cun pouco de retranca, convertide en arte as miñas desgracias descafeinadas, que vós sabedes como transformar a chicoria en ouro.